lunes, 20 de agosto de 2018

Jirafa africana, de Megumi Iwasa





Jirafa africana
de Megumi Iwasa

Jesús Guerra

Jirafa africana es un libro para niños que, la verdad, me parece una maravilla. Su autora es la japonesa Megumi Iwasa, quien nació en el año de 1958, y vive en la ciudad de Tama, en la provincia de Tokio. Las ilustraciones, espléndidas, son de un artista, también japonés, llamado Jun Takabatake, nacido en 1948. Este libro se publicó en Japón en el año 2001 y la primera edición en español se publicó diez años después, en 2011, en el Fondo de Cultura Económica, en su colección A la Orilla del Viento y, afortunadamente para nosotros, ha seguido reimprimiéndose —la cuarta reimpresión en nuestro idioma se realizó el año pasado—, así que es una obra que se consigue con facilidad. Ojalá que fuera leída en todas partes y por la mayor cantidad de niños, jóvenes y adultos posible, pues es una obra encantadora, tierna y, al mismo tiempo, divertidísima, escrita con un humor deslumbrante.

Y ahora les platico, más o menos, de qué trata este libro, para que inmediatamente después, si quieren hacerse un favor a ustedes mismos y a sus hijos (o a ustedes mismos y a sus padres), corran a una librería a comprar esta obra maravillosa.

Una jirafa que vivía en una sabana africana aparentemente lo tenía todo: un cielo azul, un calor delicioso, muchos árboles con altas hojas para comer todo cuanto quisiera... pero la verdad es que se sentía sola y, sobre todo, se sentía aburrida. Sus días eran todos iguales, no pasaba nada interesante a su alrededor... Y por lo visto no era la única en sentirse así, pues un día vio un letrero colgado de un árbol en donde un pelícano ofrecía sus servicios como mensajero, y lo firmaba como «El pelícano aburrido».

Esto le dio una idea a la jirafa: escribiría una carta... ¿pero para quién? Esta pregunta no iba a desalentar a la jirafa, la cual escribió su carta y fue con el pelícano para que la llevara. El pelícano preguntó a quién debía entregarla, y la jirafa respondió que se la entregara al primer animal que viera más allá del horizonte. Y que por favor le pidiera una respuesta.

Al pelícano le pareció que el horizonte estaba muy cerca así que prometió regresar antes del anochecer, pero regresó hasta la tarde del día siguiente, y llegó, cansadísimo, diciendo que el horizonte estaba bastante más lejos de lo que parecía desde ahí.

La jirafa ya no estaba aburrida. Se había pasado el día anterior y buena parte de ese mismo día esperando el regreso del pelícano con su respuesta. Le preguntó a quién se la había entregado. Y el pelícano no sabía muy bien, porque al primer animal que vio más allá del horizonte fue a uno que dijo ser una foca, pero la foca era el cartero de esa región, así que no vio a quién le entregó la carta la foca...

Resultó que la foca le entregó la carta al único animal que mandaba y recibía cartas en esa parte del mundo: un pingüino que se carteaba con sus padres y con su novia, y que de momento no vivía en la Isla de los Pingüinos porque estaba estudiando en el Cabo de las Ballenas, con la última ballena que vivía por ahí, que era muy vieja y muy grande, y que era conocida como el profesor ballena.

El pingüino recibió encantado la carta, la cual dice así: «Esta carta es para ti, que vives más allá del horizonte. Yo soy una jirafa y vivo en África. Soy famosa por mi largo cuello. Y ahora, tú cuéntame algo de ti. Tu amiga, la jirafa africana».

El pingüino sabe que debe escribir una respuesta, pero se siente confundido con aquella carta. ¿Qué es el cuello? ¿Él tiene cuello? ¿El profesor ballena tiene cuello? ¿Cuál es?

Luego de una escena muy divertida entre el pingüino y la ballena (que no les platico para que ustedes la disfruten en el libro), el pingüino quedó más confundido aún. Y escribió su respuesta: «Hola, querida jirafa: Yo soy el pingüino y vivo en el Cabo de las Ballenas. Por tu carta me he enterado de que hay una cosa que se llama «cuello». ¿Será que yo no tengo cuello? ¿O será que todo mi cuerpo es un cuello? Tu amigo, el pingüino del Cabo de las Ballenas».

Y por el estilo son el resto de las cartas que se van intercambiando la jirafa y el pingüino. Ya podrán imaginarse ustedes, las cosas que imaginaban estos amigos-por-carta del aspecto que tenían uno y otro. Los enredos aumentan. Y, para terminar de complicar las cosas, la jirafa decide un día ir a visitar a su amigo el pingüino, disfrazado de pingüino... es decir, disfrazado de lo que él imagina que es un pingüino.

Me reí muchísimo con las cartas y con las conversaciones de estos animales. Es un cuento delicioso. Y me encantaron las maravillosas ilustraciones que acompañan al texto de este cuento, el cual les recomiendo mucho, mucho, mucho.

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Jirafa africana. Megumi Iwasa. Ilustraciones de Jun Takabatake. Traducción de Javier de Esteban. Fondo de Cultura Económica, colección A la Orilla del Viento. Está clasificado «Para los que empiezan a leer». 72 págs.




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