lunes, 2 de septiembre de 2019

El pozo de los ratones, de Pascuala Corona





El pozo de los ratones
y otros cuentos al calor del fogón
de Pascuala Corona

Jesús Guerra

Este libro tiene la particularidad de ser el número 1 de la colección de libros para niños A la Orilla del Viento, del Fondo de Cultura Económica. Se publicó en 1991, pero es un libro que originalmente publicó la Secretaría de Educación 40 años antes, en 1951, con el título Cuentos de rancho. Fue el segundo de los 15 libros de cuentos infantiles que publicó esta autora. El primero fue Cuentos mexicanos para niños, en 1945, y el último Quetzalcóatl y la hormiga maicera, en 2009.

En realidad, Pascuala Corona era el seudónimo que utilizaba para su literatura infantil la escritora, investigadora, promotora cultural, ilustradora y recopiladora de relatos mexicanos populares Teresa Castelló Yturbide, quien nació en la Ciudad de México el 21 de marzo de 1917, y murió en la misma ciudad el 20 de enero de 2015, dos meses antes de cumplir los 98 años.

El pozo de los ratones y otros cuentos al calor del fogón es un libro con una estructura muy tradicional. La narradora, ya adulta, recuerda una noche en que, de niña, estuvo en el rancho junto con sus hermanas y sus hermanos. Estaban todos en la cocina viendo a Felipa, la cocinera, preparar unos tamales. Y en lo que los tamales estaban listos, varios de los trabajadores del rancho se pusieron a contar cuentos, para pasar el tiempo.

El primero en contar un cuento fue el caporal, a quien todos llamaban el Vale. Era ya un anciano que antes había sido arriero, y contó el relato llamado «Juan Cantinplatas». Les cuento un poco de este relato que es parte de la tradición cuentística mexicana. Trata de un matrimonio de campesinos muy pobres que tienen un hijo pequeño. El hombre, desesperado, le dice a su esposa que va a ver si consigue trabajo, pero en realidad se va a la sierra pues ha escuchado que el diablo da dinero. Ya muy adentro de la sierra, solo, comienza a gritarle al diablo para que se le presente. Luego de un rato se encuentra a un caballero, vestido de manera muy elegante, y éste le pregunta al campesino qué hace ahí. El campesino le dice lo que ha ido a hacer. El caballero le dice que él es el diablo. Se quita el sombrero y le muestra los cuernos. El hombre le pide una cantidad de dinero. El diablo le dice que le dará lo que pide pero que eso tiene un costo y deberán firmar un contrato. Le dice que le pedirá que le entregue a su hijo cuando éste cumpla doce años.

El campesino lo duda pues ama a su hijo, pero la pobreza es mucha, así que acepta. El diablo redacta un contrato con su propia sangre y firma. El campesino firma con su sangre. El diablo, entonces, le dice cómo llegar a una caverna en la que encontrará muchísimas monedas de oro. Le dice que tome las que pueda cargar y se vaya a su casa. El hombre hace lo que le indicó el diablo y regresa a su casa cargado de oro. Su mujer casi se desmaya y le pregunta de dónde ha sacado todo eso. El marido le miente y le responde que lo encontró enterrado.

El campesino, con ese dinero, monta un negocio y le va de maravilla. Pero a medida que pasa el tiempo se va volviendo más triste. Su hijo, ya casi de doce años, le pregunta un día qué le pasa si les va tan bien. El hombre no tiene más remedio que contare todo a su hijo, y éste sorprende a su padre diciéndole que no se preocupe, que en su corazón no cabe más que Dios, y que él mismo arreglará las cosas...

Ya no les cuento lo que sigue, y si quieren saberlo tendrán que leer este interesantísimo libro.

Cuando el caporal termina su cuento todos los presentes lo celebran, y el Vale dice: «Y ahora, doña Mariquita, a ver usted qué nos cuenta». Ella era el ama de llaves de la hacienda, y les contó el cuento «El zonzo». Luego tocó el turno al caballerango, llamado Guadalupe, quien dijo: «Pues ya que doña Malaquita nos contó el cuento de un zonzo, yo les haré ver que en el mundo también los vivos andan sueltos, si no, lo verán con la beata. Y Guadalupe contó «La beata».

Luego le llegó el turno a Concha, la costurera, y ella les contó el cuento «Majomalay o Gaitagileno». Al terminar, y viendo que Cuallita, la nana de los niños, no quiso contarles nada, le pidieron a Felipa, la cocinera, que contara un cuento. Ella sí aceptó y les contó la «Aventura de dos ladrones». Cuando Felipa terminó, le pidieron a María, la galopina, que les contara alguna historia y ella narró el relato llamado «La Malagona». Luego, le pidieron al Vale, que contara otro cuento: «—Está bueno —dijo el caporal—, pero se me están quietos.» Y cuando el silencio estuvo a su gusto, contó el cuento «El pozo de los ratones».

La narradora dice que cuando el caporal terminó de contar su cuento ya los tamales se habían cocido y el atole ya estaba hirviendo. Todos se empezaron a ir de la cocina, pues ya era hora de cenar. Y la narradora continúa: «Si ustedes, lectores, van a una hacienda y quieren oír contar a los rancheros, inventen hacer tamales, que al cabo mientras se cuecen ya ven que hay tiempo. Aquí tienen la receta». Y, en efecto, el libro termina con la lista de ingredientes y sus cantidades para hacer tamales, la manera de hacerlos y la receta para hacer atole.

. . . . . . . . . . . . . . .

El pozo de los ratones y otros cuentos al calor del fogón. Pascuala Corona. Ilustraciones de Blanca Dorantes. Fondo de Cultura Económica, colección A la Orilla del Viento. Clasificado «Para los que leen bien». 1a. ed., 1991; décima reimpresión, 2017. 100 págs.





No hay comentarios:

Publicar un comentario