lunes, 15 de julio de 2019

Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle, de Beatriz Osés





Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle
(Serie Erik Vogler 3)
de Beatriz Osés

Jesús Guerra

Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle es la tercera novela de la serie de Erik Vogler, personaje —un adolescente alemán que vive en Bremen, con su papá, llamado Frank— creado por la escritora española Beatriz Osés. (Si quieres leer sobre los libros que componen la serie y mis reseñas de los dos primeros libros, haz clic aquí para Erik Vogler y los crímenes del rey blanco y aquí para Erik Vogler en Muerte en el balneario.)

Quienes hayan leído algunos de los títulos de la serie, sabrán que Erik Vogler es un muchacho que pertenece a una familia de mucho dinero, que es delgado y debilucho, muy esnob (que según el diccionario de la Real Academia Española quiere decir «Persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos»), y por lo tanto muy sangrón, pero que tiene, por lo menos en ocasiones, percepción extrasensorial, y una enorme habilidad para meterse en problemas. Su propia abuela paterna, llamada Berta —que es medio hippie, o más bien lo fue, pero conserva esas ideas—, no soporta a su nieto, aunque, por supuesto, lo quiere, y siempre manda a otro adolescente, que es vecino de ella, llamado Albert Zimmer, a que «cuide» a Erik. Lo que Berta no sabe es que Albert también tiende a meterse en problemas, por lo que su tarea de niñero resulta bastante inútil. Erik, por supuesto, quien ve a Albert como melenudo y descuidado, no lo aguanta tampoco, por lo que este trío de personajes resulta muy simpático pues nunca se ponen de acuerdo.

En esta ocasión, Frank decide invitar a su mamá a visitar un hotel en Suiza, un hotel extraordinario en el que Berta pasó su luna de miel y a donde nunca ha regresado. Esta invitación de Frank es para compensar a su madre por las preocupaciones que vivió con Erik en las aventuras de la novela anterior. Berta descansa cuando Frank le dice que Erik no irá con ellos, que se quedará en Bremen. Erik está muy contento porque podrá tener varios días para estar tranquilo y darse algunos baños de tina, con aceites especiales y sales aromáticas... esas cosas que él tanto disfruta.

Ya en el hotel de Suiza, Berta decide salir, el primer día, a esquiar (pues resulta que Berta, en su juventud, fue una de las mejores esquiadoras del país), aunque tiene años de no practicar ese deporte. Frank la sigue, creyendo que la está cuidando. Pero Berta, que para su edad es bastante impulsiva, toma la pendiente más peligrosa y tiene un accidente, y Frank, que la sigue de cerca, también. Ambos terminan en el hospital con varias fracturas. Así que, aunque sus vacaciones se arruinan, tampoco pueden regresar hasta que los den de alta.

Mientras tanto, en Bremen, Erik recibe una llamada desde Irlanda. Se trata de un tal señor Sullivan, secretario de Leonard, hermano de Frank, para comunicar que Leonard ha muerto en un accidente en su propia oficina. Erik le dice a Sullivan cómo comunicarse con su padre. Pronto, Frank y Berta se encuentran muy tristes también. Y pronto, también, queda claro que el único que puede viajar a Irlanda para el funeral, en representación de la familia de Leonard, es Erik.




Frank, por teléfono, realiza todos los preparativos del viaje de su hijo hasta el aeropuerto de Dublín, en donde irá a recogerlo el chofer de Leonard, para conducirlo hasta la mansión en la que vivía el tío de Erik: Misty Abbey-Castle, que como su nombre en inglés lo indica, es un castillo que está al lado de las ruinas de una abadía medieval, y siempre, siempre, siempre está rodeada de niebla. Lo que Erik no sospecha es que su abuela hace sus propios preparativos para que Albert Zimmer viaje con Erik desde el aeropuerto de Bremen, para que su nieto, claro: no se meta en problemas. Erik, al encontrarse a Albert en la sala de espera del aeropuerto se pone furioso...

Ya en el castillo, el señor Trevor, el mayordomo, conduce a los jóvenes a sus habitaciones, y les dice que bajen pronto a la capilla en donde está el cadáver de Leonard. Cuando Erik y Albert bajan, encuentran a una buena cantidad de personas ahí, y a Erik le llaman la atención una joven y una señora que va con ella, sobre todo por su manera de vestir. Pero más tarde ya no las ve más por ahí. Un rato después, caminan todos hasta el cementerio de la abadía en donde entierran a Leonard, y Erik ve que al lado hay una tumba en la que se lee el nombre de Lady Brianna de Louth. Un momento después, una señora dice en voz alta que Lady Brianna es la culpable de la muerte de Leonard. El mayordomo de inmediato les ordena a unos empleados que saquen a esa mujer, a la que todos toman por loca.

Un rato después, cuando Trevor conduce de nuevo a los jóvenes a sus recámaras, pasan junto a un gran cuadro que está en las escaleras principales, y Erik reconoce en él a la joven que vio junto al cadáver de su tío durante el funeral. Obviamente pregunta de quién se trata y Trevor le responde que es Lady Brianna de Louth, muerta más de 100 años atrás.

En cada contacto que tienen Erik y Albert con el personal del castillo, van recabando información. La gente habla y así, aunque no se supone que ellos se enteraran de eso, se enteran de que en el castillo existe la leyenda de la maldición de Lady Brianna, y que el dueño anterior del castillo también murió de una caída «accidental». ¿Qué tiene que ver todo eso con la muerte de Leonard? Eso es lo que se proponen investigar Erik Vogler y Albert Zimmer.

Cada novela que leo de esta serie me gusta más que la anterior. Y ésta, como toda buena novela policiaca que se desarrolle en un castillo medieval en medio de la neblinosa campiña irlandesa, está llena de cuadros extraños, objetos misteriosos, escaleras sombrías, pasadizos secretos, tumbas, leyendas, crímenes y fantasmas... Sumamente recomendable.

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Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle. Beatriz Osés. Ilustraciones de Iban Barrenetxea. Edebé. 160 págs.

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