Éste era un lápiz
de Antonio Granados
Jesús Guerra
De Antonio Granados ya había
leído, y comentado aquí, un cuento muy divertido llamado El rey que se
equivocó de cuento, el cual tiene algunas características compartidas con
el que comento ahora, como que está escrito en verso, y el texto mismo nos
recuerda que lo que hacemos los lectores al leer el cuento es, precisamente,
leer un cuento. Sí, yo sé que suena complicado, pero el cuento no lo es, al
contrario, se deja leer con facilidad y es sumamente entretenido.
El libro es en realidad un
cuento dentro de otro cuento: el narrador nos cuenta cómo un lápiz escribió un
cuento, pero el lápiz es un desmemoriado y además torpe, no sólo se le va la
onda de lo que escribe y hasta deja palabras sin terminar, sino que, en algunos
momentos, a veces con intención y otras sin ella, borra algunas letras que ya
había escrito.
El cuento propone a sus
lectores un juego: completar mentalmente las palabras que quedaron sin
terminar. Por eso empieza el libro con una nota a los que tienen el libro en
sus manos:
de Antonio Granados
“¡Pst, pst! ¡Oye lector!
»Te recomiendo que tengas paciencia
»con este lápiz tan olvidadizo
»y eches mano de tu inteligencia
»para así completar lo que él no hizo”
* Colina Calva, de Ephraim Sidon
* Historia medio al revés, de Ana María Machado
* Los casibandidos que casi roban el sol y otros cuentos, de Triunfo Arciniegas
* El abuelo ya no duerme en el armario, de Silvia Molina






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