De unicornios e hipogrifos
de Sandra Siemens
Jesús Guerra
De unicornios e hipogrifos es
un librito delicioso, compuesto por cinco relatos doblemente fantásticos,
habitados por criaturas mitológicas, y Sandra Siemens ha logrado que muestren
sus lados tierno, poético y humorístico. Quienes hayan leído mis comentarios de
sus libros Kanghuru, El bandido de los mares y Erizo (las
ligas están al final de esta reseña) sabrán que esas tres obras me dejaron
boquiabierto, aturdido y embobado, y que al terminar de leer la última página
(me pasó con las tres), regresé a la primera y leí de nuevo el libro completo.
Y De unicornios e hipogrifos no ha sido la excepción. Los cinco relatos
son interesantes, inteligentes, poéticos y divertidísimos. ¿Qué más se puede
pedir?
Seguramente saben qué es un
unicornio, pero ¿saben qué es una anfisbena, un kraken, un minotauro, un
hipogrifo y un goofus? Apuesto a que los van a tener qué consultar, lo cual
está muy bien, para que tengan claro qué son los personajes principales de estos
relatos.
El estornudo del unicornio
En un olivar de 17 olivos vivían un unicornio y una anfisbena. En un momento dado, la anfisbena se fue, básicamente porque estaba aburrida y quería conocer el mundo y tener aventuras... El unicornio se sintió solo y triste, y como la tristeza le daba hambre se comió todo lo que estaba enfrente. Después, seguía solo y triste, y además gordo. Hasta que llegó un hipogrifo bebé...
El kraken y el almirante
“Las islas flotantes son siempre krakens” nos dice Siemens que dice un libro muy antiguo de una biblioteca de Escandinavia. Y el almirante lo sabía. Una vez vio uno (no un libro sino un kraken) en medio de una batalla naval. Desde entonces lo buscó tercamente en todos los mares del planeta, hasta que él y su perro se hicieron viejos; el almirante se jubiló y compró una casita frente al Mar del Norte, y es entonces cuando sucede el milagro, aunque en realidad es un conjunto de milagros encadenados...
Los ojos de Goof
El cuento empieza así: “A los goofus no les interesa saber adónde van sino dónde estuvieron. Por eso vuelan hacia atrás”. Un arranque estupendo, ¿no es cierto? El personaje central es un pájaro goofus llamado Goof que es un desmemoriado, literalmente un cabeza hueca, aunque eso sí, tiene un gran corazón y unos ojos encantadores. Los demás goofus vuelan hacia atrás, pero siempre en círculos alrededor de un volcán. Pero Goof, por distraído, aunque siempre vuela hacia atrás, lo hace en línea recta, así que siempre se pierde. Es increíble la cantidad de aventuras que le suceden en unas cuantas páginas, lástima que a Goof siempre se le olvidan...
El minotauro y las mariposas
El narrador es el propio Minotauro, el verdadero, él único. Hasta hace poco vivía en una isla que era un laberinto. Todos le tenían miedo, y con razón. Le gustaba estar solo y mantener esa imagen de duro y salvaje, pero sabemos que en el fondo era un buenazo pues se quedaba dormido tendido en el pasto mirando a las mariposas. Pero un día se levantó con una sensación extraña que no era ni hambre ni sed, ni frío ni calor, aunque parecía todo eso junto. Llegó a la conclusión de que se sentía solo y necesitaba amor, sin embargo, a decir verdad, esto le daba vergüenza, ¿cómo que amor, él, un minotauro tan serio? Sin embargo, su lado práctico pudo más y de inmediato escribió una carta de amor, la puso en una botella y la tiró al mar. Por supuesto, pronto tuvo una respuesta...
El huevo
Y ahora el personaje central es la anfisbena, la cual, en realidad, ha aparecido en todos los relatos, aunque sea de pasada, y es el elemento que une todos los cuentos. Después de todas sus aventuras y de los miles de kilómetros recorridos desde que salió del olivar de 17 olivos, se encuentra hambrienta en un lugar en donde no hay nada para comer, hasta que halla un huevo, uno enorme, y le resulta imposible devorarlo. Así que decide esperar a que el huevo se abra para comerse lo que esté dentro. No tiene idea de qué puede ser y se le ocurren las suposiciones más descabelladas. Espera dos días y dos noches con extrema atención, la mirada fija en el huevo, y entonces el huevo se quiebra...
Vale la pena apuntar aquí
que las ilustraciones del libro, del artista argentino Bianki, son igualmente
deliciosas, expresivas y divertidas.
Sí, confirmado, De
unicornios e hipogrifos me ha parecido un librito tan encantador, divertido
y asombroso como los otros que he leído y recomendado de esta autora argentina,
Sandra Siemens (nacida en junio de 1965), la cual rápidamente se ha convertido
en una de mis escritoras favoritas de libros para niños y jóvenes. Súper
recomendable.
. . . . . . . . . . . . . .
.
De unicornios e hipogrifos.
Sandra Siemens. Ilustraciones de Bianki. Primera Sudamericana, colección Pan
Flauta, 1a. ed., 2013, Buenos Aires (Random House Mondadori). Edición en
formato digital: mayo de 2013. 64 págs.
. . . . .
Te puede interesar:
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* Víboras vivas, de Hazel Townson
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En un olivar de 17 olivos vivían un unicornio y una anfisbena. En un momento dado, la anfisbena se fue, básicamente porque estaba aburrida y quería conocer el mundo y tener aventuras... El unicornio se sintió solo y triste, y como la tristeza le daba hambre se comió todo lo que estaba enfrente. Después, seguía solo y triste, y además gordo. Hasta que llegó un hipogrifo bebé...
“Las islas flotantes son siempre krakens” nos dice Siemens que dice un libro muy antiguo de una biblioteca de Escandinavia. Y el almirante lo sabía. Una vez vio uno (no un libro sino un kraken) en medio de una batalla naval. Desde entonces lo buscó tercamente en todos los mares del planeta, hasta que él y su perro se hicieron viejos; el almirante se jubiló y compró una casita frente al Mar del Norte, y es entonces cuando sucede el milagro, aunque en realidad es un conjunto de milagros encadenados...
El cuento empieza así: “A los goofus no les interesa saber adónde van sino dónde estuvieron. Por eso vuelan hacia atrás”. Un arranque estupendo, ¿no es cierto? El personaje central es un pájaro goofus llamado Goof que es un desmemoriado, literalmente un cabeza hueca, aunque eso sí, tiene un gran corazón y unos ojos encantadores. Los demás goofus vuelan hacia atrás, pero siempre en círculos alrededor de un volcán. Pero Goof, por distraído, aunque siempre vuela hacia atrás, lo hace en línea recta, así que siempre se pierde. Es increíble la cantidad de aventuras que le suceden en unas cuantas páginas, lástima que a Goof siempre se le olvidan...
El narrador es el propio Minotauro, el verdadero, él único. Hasta hace poco vivía en una isla que era un laberinto. Todos le tenían miedo, y con razón. Le gustaba estar solo y mantener esa imagen de duro y salvaje, pero sabemos que en el fondo era un buenazo pues se quedaba dormido tendido en el pasto mirando a las mariposas. Pero un día se levantó con una sensación extraña que no era ni hambre ni sed, ni frío ni calor, aunque parecía todo eso junto. Llegó a la conclusión de que se sentía solo y necesitaba amor, sin embargo, a decir verdad, esto le daba vergüenza, ¿cómo que amor, él, un minotauro tan serio? Sin embargo, su lado práctico pudo más y de inmediato escribió una carta de amor, la puso en una botella y la tiró al mar. Por supuesto, pronto tuvo una respuesta...
Y ahora el personaje central es la anfisbena, la cual, en realidad, ha aparecido en todos los relatos, aunque sea de pasada, y es el elemento que une todos los cuentos. Después de todas sus aventuras y de los miles de kilómetros recorridos desde que salió del olivar de 17 olivos, se encuentra hambrienta en un lugar en donde no hay nada para comer, hasta que halla un huevo, uno enorme, y le resulta imposible devorarlo. Así que decide esperar a que el huevo se abra para comerse lo que esté dentro. No tiene idea de qué puede ser y se le ocurren las suposiciones más descabelladas. Espera dos días y dos noches con extrema atención, la mirada fija en el huevo, y entonces el huevo se quiebra...
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* El alma de las cosas, de Gabriela Peyron










