Amadeo
y otra gente extraordinaria
de Graciela Montes
Jesús
Guerra
Este
librito formidable, de la estupenda narradora argentina Graciela Montes, está conformado por cuatro cuentos que comentaré brevemente a continuación. Todos
forman parte de lo que podemos denominar realismo mágico infantil. Las
simpatiquísimas ilustraciones son del artista argentino Héctor Borlasca. Esta obra
ganó el segundo lugar del Premio Lazarillo, del Instituto Nacional del Libro
Español, y fue incluida entre las obras recomendadas por White Ravens, que es
un reconocido catálogo internacional de recomendaciones de literatura para
niños y jóvenes, publicado por la Biblioteca Internacional de la Juventud, en
Alemania. Ahora sí, pasamos a los cuentos…
Amadeo
A pesar de que el cuento empieza diciendo que Amadeo no es precisamente un gigante, la verdad es que sí lo es, o ustedes decidan cuando lean este relato. El caso es que todo le queda demasiado chico, y crece demasiado rápido (17 centímetros por semana). Mamá Paulina se la pasa preparándole cantidades enormes de comida; papá Eugenio, que es carpintero, pasa las tardes haciéndole camas cada vez más grandes, y la abuela Carlota le hace constantemente pantalones con cortinas viejas. Y luego están las molestias para los vecinos, y las complicaciones en la escuela. Por si fuera poco, cuando Amadeo se ríe con ganas le salen de los ojos figuritas brillantes, y cuando llora le brotan gladiolos (o sea, gladiolas; ya verán que al leer este libro van a aprender algunas palabras utilizadas en Argentina). Lo bueno es que, cuando las dimensiones de Amadeo ponen a su familia en dificultades económicas, instalan un kiosko para vender las flores por docenas y las figuritas en cajitas de regalo. Todo en Amadeo es exagerado, y en un momento dado se pone tristísimo porque comprende que es distinto a los demás y se siente solo.
El
problema de Carmela
Carmela Bermúdez se cambia de casa y de barrio, con sus cinco gatos y su problema. Lo peor es que sus nuevos vecinos también son víctimas del problema. Y es un problema grande, y muy molesto. Y lo peor es que a Carmela se le olvida que su problema existe. Verán, a Carmela las palabras se le vuelven cosas, o lo que es lo mismo, lo que dice se vuelve realidad. Si Carmela, por ejemplo, mira al cielo y ve nubes oscuras, y se le ocurre decir en voz alta “Va a llover a cántaros”, sucede que lo que tal vez hubiera sido una lluviecita de nada, se convierte en un tormentón, como si de verdad las nubes vaciaran cántaros y cántaros de agua sobre la ciudad, y para colmo, como habla mucho, a Carmela siempre se le ocurre decir lo que no debería decir. Esto obliga a los vecinos, a pesar de que la aprecian, a tomar medidas especiales.
Luis
y el Monstruogrís
Una mañana cualquiera (o, como dicen los argentinos, una mañanita de morondanga) Luis se enteró de las maldades del Monstruogrís, de la ciudad de Trenque Lauquen. Luis se puso a ver las noticias y se enteró de más atrocidades del Monstruogrís, entre ellas, el rapto de Felisa, una jovencita recientemente elegida Reina de los Girasoles. Luis, que es un buenazo, y, además, con ganas de aventuras exóticas, decidió trasladarse hacia el campo de la ciudad en la que vivía el Monstruogrís para combatirlo y rescatar a la pobre Felisa. Luis se fue en tren de carga con su perro Cuis, y en el camino hasta conoció a una hadita medio inútil (lo cual significa que también es medio útil) llamada Esculapia, que, la verdad sea dicha, es una hada minúscula y maravillosa.
Un
gato de circo
Este es el relato más corto, pero es igualmente encantador, mágico, estrambótico y divertido. Ramón, que vende pastillas en los trenes, estaba aburrido y al ir llegando a una estación vio por la ventana algo que le llamó poderosamente la atención, pues nunca había visto algo parecido: un circo. Dice el texto que “Los circos son como casas que se inflan. Crecen de golpe en los terrenos baldíos [...]” Tuvo que preguntar qué era eso, y algunas personas le explicaron lo que podría ver dentro, pues todos los circos se parecen. Así que cuando Ramón se bajó del tren fue directamente al circo y las cosas que vio lo sorprendieron. Esa noche regresó a su casa, en donde vivía acompañado por su gato Carloncho, y le contó todas las maravillas que había visto. Entonces se puso a pensar qué podrían hacer Carloncho y él para que los contrataran en el circo. Y encontró la solución, gracias a que Carloncho es un felino genial.
Lo
bueno es que me detuve a tiempo al decirles de qué trata cada cuento, pues de
lo que se trata es que ustedes descubran estos relatos, los cuales son
estupendos y con argumentos imaginativos, pero si ponen atención al leerlos se
darán cuenta que lo que los hace verdaderamente formidables es la manera en que
están contados, y los divertidos diálogos entre los personajes, que los
caracterizan de manera asombrosa.
Es
mucho más sencillo y económico adquirir este libro en edición digital. Yo les
recomiendo que lo lean tan pronto como les sea posible.
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Amadeo
y otra gente extraordinaria. Graciela Montes.
Ilustraciones de Héctor Borlasca. Alfaguara Infantil y Juvenil (Argentina).
(1a. Ed. en Editorial El Ateneo, 1985; 1a. Ed. en Alfaguara, 2021). 64 págs.
Existe edición digital.
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Carmela Bermúdez se cambia de casa y de barrio, con sus cinco gatos y su problema. Lo peor es que sus nuevos vecinos también son víctimas del problema. Y es un problema grande, y muy molesto. Y lo peor es que a Carmela se le olvida que su problema existe. Verán, a Carmela las palabras se le vuelven cosas, o lo que es lo mismo, lo que dice se vuelve realidad. Si Carmela, por ejemplo, mira al cielo y ve nubes oscuras, y se le ocurre decir en voz alta “Va a llover a cántaros”, sucede que lo que tal vez hubiera sido una lluviecita de nada, se convierte en un tormentón, como si de verdad las nubes vaciaran cántaros y cántaros de agua sobre la ciudad, y para colmo, como habla mucho, a Carmela siempre se le ocurre decir lo que no debería decir. Esto obliga a los vecinos, a pesar de que la aprecian, a tomar medidas especiales.
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