Rosa y la banda de los solitarios
de Colas Gutman
Jesús Guerra
El francés Colas Gutman es el autor de Rosa y la banda
de los solitarios, un cuento que me ha parecido sumamente interesante y
también muy, muy, muy divertido. La escuela francesa contemporánea de
literatura infantil tiende a tratar temas importantes para los niños y los
jóvenes, como los problemas que tienen en la escuela, problemas personales,
enfermedades, bullying, malos tratos, abusos, soledad, discapacidades,
pero los tratan de manera muy desenfadada y, en la mayoría de los casos, con
mucho sentido del humor.
El personaje central de este libro es Rosa. Y es ella
quien narra la historia, o sea que vemos las cosas desde su perspectiva. Hay
cosas que ella no entiende, pero nos dice que las escucha cuando hablan sus
padres u otros adultos, y así sabemos que los médicos dicen que Rosa es una
niña muy inteligente y muy emotiva, pero que tiene un serio problema de
lenguaje. Además, por lo que ella misma nos va narrando, por momentos es muy tímida,
y en otros no, incluso puede ser grosera con otros niños, justamente porque
invaden su privacidad, ese cerco que ha puesto debido a su timidez. Así que
suponemos que Rosa tiene algún tipo de autismo, aunque esta palabra nunca se
menciona en el libro.
Rosa está consciente de que tiene un problema de lenguaje,
es decir, habla raro, utiliza términos inventados o mezcla palabras para crear
una suerte de lenguaje personal, y esto le da pena a ella misma, y la hace
sentirse insegura. Algunos maestros no saben cómo tratarla y eso ha hecho que
los papás de Rosa la hayan tenido que cambiar de escuela varias veces. Hasta
que llega a la nueva, conoce a un par de niños, Momo y Steve, y a otra niña,
Elena, y poco a poco Rosa se siente cómoda con ellos, y ellos con ella, y quizá
por primera vez, Rosa comienza a sentir que tiene un grupo de amigos.
El hecho de que el cuento esté narrado desde la
perspectiva, y con el lenguaje de Rosa, permite que los lectores comprendamos
al personaje, qué le divierte, qué le da vergüenza, qué le da miedo, cómo
experimenta las relaciones con otros niños de su edad, cómo percibe a los
adultos, a sus padres, a sus maestros. Pero además el autor, al utilizar el
lenguaje de Rosa en el texto, sobre todo en sus diálogos, ha logrado una mezcla
de ternura, extrañeza y comicidad que funciona de maravilla.
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Portada de la edición original en francés |
Tanto la historia contada como el estilo del autor son
buenísimos. La estrella del libro es, quizá, el idioma privado de Rosa. A su
mamá, que la besa mucho, la llama «ventosa», a su papá le dice «patata», a los
adultos les dice «faroles», y por tanto a los jóvenes más grandes les llama
«medio-faroles»; el verbo cambiarse para ella es «largamudarse», su mamá es
publicista, pero para ella es una «eslogantina», y su papá es dibujante, pero
para Rosa es «un lápiz»; para ella los gatos son «bigotes de cola», un «pegote»
es un amigo y un «hola-en-su-casa» es un conocido. Y algo asqueroso es
«guacasquerísico». Y, lógicamente, enamorarse es para Rosa «encorazonarse».
Hay que apuntar que la traducción es bastante buena, sobre
todo porque el traductor, Rafael Segovia, tuvo que traducir-crear el lenguaje
de Rosa en español, lo cual no es nada sencillo; y también que las
ilustraciones de Víctor García Bernal son verdaderamente estupendas.
El autor, nacido en 1972, tiene más de 20 libros
infantiles, aunque en español tiene sólo dos libros, que yo sepa, ambos en el
Fondo de Cultura Económica, en la colección A la Orilla del Viento. Este libro
que les comento ahora, y otro llamado ¿Para qué sirve un niño?
El autor es también actor de cine, ilustrador, periodista,
ha escrito y dibujado cómics, y ha sido asistente de editor cinematográfico.
Les recomiendo muchísimo este libro, tierno, divertido y
sorprendente. Ya verán que Rosa les va a caer de maravilla.
. . . . . . . . . . . . . . .
Rosa y la banda de los solitarios. Colas Gutman. Traducción de Rafael
Segovia. Ilustraciones de Víctor García Bernal.
Fondo de Cultura Económica. Colección A la Orilla del Viento.
Clasificación «Para los que empiezan a leer». 80 págs.
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