martes, 17 de febrero de 2015

Dos cuentos de Robert Louis Stevenson: «Markheim» y «Los ladrones de cadáveres»







[Literatura Juvenil]

Dos cuentos de Robert Louis Stevenson:
«Markheim» y «Los ladrones de cadáveres»

Jesús Guerra

En una de las entradas recientes de este blog les recomendé la novela de aventuras La isla del tesoro, del escritor escocés Robert Louis Stevenson (pueden leer el comentario aquí). Este estupendo narrador nació en 1850, justo a la mitad del siglo XIX, y murió en 1894, apenas a los 44 años de edad, lo cual no le impidió dejarle al mundo una obra literaria maravillosa que sigue ejerciendo una enorme influencia; y sin duda alguna es uno de los escritores fundamentales de la literatura en inglés. Su novela La isla del tesoro está considerada como la esencia de la novela de aventuras, pero Stevenson no sólo escribió historias de aventuras, escribió también poemas, ensayos, narraciones de viajes y, sobre todo, muchos relatos de misterio y de terror. Precisamente de este tipo de relatos hoy les recomiendo dos, importantes, interesantísimos y deliciosos...

El primero es «Markheim», que es el apellido del protagonista; se trata de un cuento corto que se publicó primero en revista, en 1885, y finalmente en uno de los libros de relatos de Stevenson, en 1887. Markheim es un hombre de 36 años que llega a una tienda de antigüedades en una navidad con el pretexto de comprar un regalo. El anticuario desconfía de él pero le muestra varias cosas, entre ellas un espejo (lo que desencadena un diálogo muy sugestivo entre los dos). Cuando el anticuario le da la espalda para tomar otro objeto para mostrárselo a su extraño cliente, Markheim saca un cuchillo y lo mata. El asesino camina por la tienda, que está casi a oscuras, mirando objetos y pensando no sólo en lo que acaba de hacer sino en su vida en general, y comienza a angustiarse, porque escucha ruidos y piensa que hay alguien más en la tienda. Pero el asesino sabe que eso no es posible porque él estuvo vigilando y no entró a la tienda sino hasta que vio que la muchacha de servicio del anticuario salió de ahí, arreglada para su tarde libre. Luego busca las llaves de las oficinas entre las ropas del cadáver y sube a los cuartos del segundo piso. Estando ahí, vuelven sus nervios cuando escucha con claridad unos pasos, y luego ve entrar a un hombre que le dice «¿Me llamaba?»

Portada de un audiolibro
Ni el asesino ni los lectores sabemos quién es, sólo podemos suponerlo. El hombre le dice que si quiere, él le puede ayudar a encontrar el lugar en donde está el dinero. Así, ambos personajes entablan un diálogo sobre el tema del bien y el mal, en el que el desconocido intenta convencer al asesino de que debe enfrentar que es un hombre malvado, y éste se defiendo diciendo que son las circunstancias las que lo han llevado a cometer los crímenes que lleva a cuestas. ¿Quién es el desconocido? ¿Es la conciencia del asesino, o es, como el mismo Markheim supone, el diablo? Este relato no es sólo interesante sino que, como algunos otros de este autor, nos hace partícipes de una reflexión acerca de la naturaleza del mal y de la culpa.


El segundo cuento que les quiero recomendar se llama «Los ladrones de cadáveres» —en español, hay que señalarlo, ha sido traducido tanto en singular («El ladrón de cadáveres») como en plural, aunque en inglés el título es en singular—; este cuento fue publicado por primera vez en diciembre de 1884 en una revista llamada Pall Mall Gazette.

El cuento comienza con una de las frecuentes reuniones de un grupo de amigos en una posada de un pueblo inglés; podía haber más o menos amigos en las reuniones pero siempre estaban presentes el dueño de las pompas fúnebres del lugar, un señor llamado Fettes y el narrador de la historia. En esta ocasión, mientras beben, llega a la posada un médico de Londres que va en camino a atender a un paciente. Cuando Fettes escucha el nombre del médico (Wolfe Macfarlane) se indigna y va a enfrentar al doctor que ya está por salir del lugar. Por las palabras que cruzan les queda claro a sus compañeros de mesa que Fettes y el médico se conocían y que sus relaciones no quedaron nada bien, pero cuando el doctor se va, Fettes se despide de sus amigos sin darles ninguna explicación y se marcha a su casa. Los otros hombres se quedan tan intrigados que se proponen investigar qué pudo haber sucedido antes.
 
Portada de una edición
electrónica
Quien logra enterarse de lo sucedido es el narrador del relato, así que nos lo cuenta. Cuando Fettes era joven estudió medicina en Edimburgo, y tanto él como Macfarlane eran los asistentes de un conocido médico a quien sólo llama K. Este doctor daba clases y en la escuela de medicina se requerían cadáveres para realizar disecciones. A las órdenes de K, sus dos asistentes negociaban con un nuevo tipo de criminal: los ladrones de cadáveres, quienes se encargaban de robarlos de los cementerios. Pronto Fettes comenzó a sospechar que no todos los cadáveres que le entregaban para los estudios de anatomía habían sido robados.

La historia narrada en este cuento es fascinante, y más si sabemos que está basado, lejanamente, en un caso real. Resulta que a prinicipios del siglo XIX comenzaron a efectuarse cada vez menos ejecuciones en Escocia, en momentos en que los cadáveres de los criminales ajusticiados eran los únicos legalmente entregados a los médicos para sus clases de anatomía, y cuando las ciencias médicas comenzaban a lograr avances y requerían más cadáveres, tanto para los estudiantes como para los investigadores, así que pronto algunos médicos, como el famoso Robert Knox empezaron a pagar a ladrones de tumbas para recibir cadáveres frescos. Esto, claro está, era ilegal, pero la situación era peor y quedó al descubierto cuando se descubrió a un par de vendedores de cuerpos que en realidad asesinaban a personas para vender sus cadáveres.

En el caso del cuento de Stevenson, la atmósfera del relato es tan importante como los hechos y, sobre todo, cuidado con el final, que contiene elementos sobrenaturales, muy bien manejados por parte del autor, de tal suerte que logra que se nos pongan los cabellos de punta al leerlo.

Estos dos relatos son muy famosos y se pueden encontrar en muchos libros diferentes, así que búsquenlos y léanlos, pues les aseguro que los van a disfrutar mucho. Uno de esos libros es El diablo de la botella y otros cuentos, el cual, además de los dos relatos comentados contiene también el que le da el nombre al volumen, «El diablo de la botella», «Olalla» y «La playa de Falesá».

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El diablo de la botella y otros cuentos. Robert Louis Stevenson. Traducción de José Luis López Muñoz. Alianza Editorial. Colección Literatura. 234 págs.




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