jueves, 14 de junio de 2018

Festín de muertos (2)





Festín de muertos
Antología de relatos mexicanos de zombis
(2)

Jesús Guerra

En la entrada anterior de este blog comencé a comentarles este libro, Festín de muertos. Antología de relatos mexicanos de zombis, que me parece muy recomendable, tanto para jóvenes como para los amantes del género del terror en todas sus variantes. Dije que haría un comentario de cada uno de los 18 cuentos incluidos en el libro, así que sigo a partir de donde me quedé:

El segundo cuento se llama «El sótano de una casa en una calle apenas transitada», de Édgar Adrián Mora (nacido en Tlatlauquitepec, en 1976). Es un relato muy efectivo ubicado en un momento posterior a la infección zombi, cuando ya incluso se ha encontrado la manera de detenerla, y de calmar a los zombis, volviéndolos inofensivos, aunque no se ha encontrado la manera de curarlos, puesto que, de hecho, están muertos. Se nos cuenta que hubo una época anterior en la que los zombis pasaron de ser cazadores a víctimas de los humanos que los exterminaban, porque los humanos no entendían (o quizá no querían entender) que los infectados ya no eran violentos. Los pocos zombis que quedaron pasaron a ser tolerados, y de hecho el gobierno lanzó una campaña para que la gente que así lo deseara, pudiera adoptar un zombi. (La verdad es que esta idea es una maravilla.) Y el tío Roberto fue una de las personas que adoptó uno, y cuando el tío murió, lo heredó Sofía. Ella misma no sabía muy bien por qué lo había aceptado, y había días en que deseaba que al bajar al sótano en el que lo tenía encadenado, lo encontrara muerto... hasta que comprendió que nunca moriría... Así que los destinos de ambos estarían unidos por mucho tiempo... Y ya no les cuento más. Este relato me parece estupendo. Muy bien ubicado entre la ciencia-ficción, el terror y el humor negro.

El tercer cuento lleva por título «El deber de los vivos», y es de Jorge Luis Almaral (nacido en Culiacán, en 1985). Se trata de un relato muy corto pero eficaz, en tono de humor negro, aunque, como todo lo humorístico, en el fondo es muy serio, y en este caso hace una pregunta importante que cada lector tendrá que responderse.

Nos cuenta de un chavo de prepa que camina con rapidez para llegar a la escuela. Se le pasó el autobús porque se quedó dormido, y eso debido a que se quedó viendo películas de zombis hasta la madrugada. Casi llegando a la escuela escucha un golpe en la reja metálica de un edificio y voltea a ver qué pasa, y ve a una mujer, en bata, con el rostro magullado, con moretones y heridas en los brazos y piernas, que se lanza contra la reja, como si no pudiera verla, o como si no entendiera que hay que abrirla primero. El chavo se impresiona, piensa que la mujer debe estar enferma o drogada. Se acerca a la puerta enrejada para verla mejor. Y se pregunta si será un zombi. El chavo sabe que es una tontería siquiera pensarlo, pero el asunto es que la mujer parece un zombi, y actúa como un zombi... ¿Cómo saber si lo es?... ¿Qué haríamos (¿qué harías tú?) si nos encontramos ante una situación tan extraña que pareciera que se están fundiendo el mundo de la fantasía y el de la realidad? Muy interesante y bien contado.

El cuarto relato se llama «Show Business», y es de Omar Delgado (autor nacido en la Ciudad de México, en 1975). Un equipo de filmación norteamericano llega a una isla de Asia en donde se encuentran todos los zombis de una epidemia que finalmente quedó contenida. Es la isla de los zombis. Durante una época, los millonarios iban a esa isla a dispararle a los zombis. Uno de esos millonarios excéntricos que deseaba destrozar muertos vivientes mientras escuchaba música clásica a todo volumen, descubrió que una pieza en particular, el concierto de Brandemburgo número 4 de Bach, paralizaba a los zombis, o más bien los dejaba como hipnotizados. Esa información la leyó el director de cine, megalómano y pretencioso, que está a la cabeza de ese equipo de filmación que acaba de llegar. Lo que quiere es filmar la escena final de su película ahí, una película de guerra sobre la Segunda Guerra Mundial, y quiere utilizar a los zombis como «extras», para darle mayor realismo a la carnicería... Ya no puedo contares más, pero a mí este relato me ha parecido muy divertido e ingenioso, y les aseguro que vale la pena leerlo. Como todas las buenas obras sobre zombis, el mensaje subyacente es que la verdadera plaga en este planeta la constituimos los seres humanos.




El cuento número cinco de esta antología lleva por nombre «Día de muertos», y es de José Luis Zárate (escritor nacido en Puebla en 1966). Este es uno de los cuentos que más me han sorprendido de este libro. Y es que es uno de los que sí se apropian verdaderamente del género de los zombis y lo vuelven un género mexicano: el resultado, entonces, es una obra que no pudo haberse escrito en ninguna otra parte del mundo. Lamentablemente no puedo contarles nada de él porque se los echaría a perder a ustedes, sus futuros lectores. Pero se los recomiendo de manera especial. Es imaginativo, original, aterrador a su manera, y emotivo. La verdad, es un cuento memorable.

El sexto relato es «Los primeros atardeceres del incendio», escrito por César Silva Márquez (narrador nacido en Ciudad Juárez en 1974). Similar al caso del cuento anterior, éste es también uno de los relatos que cumple muy bien con los principios planteados para esta antología, es uno de los relatos que se han apropiado del género de los zombis y lo han adaptado a México bastante bien, a pesar de que desde la perspectiva de las circunstancias narradas, es más bien un cuento clásico de este género, lo cual es también bastante bueno. El narrador es un periodista de Ciudad Juárez, y lo que nos cuenta es cómo empezó la infección zombi en dicha ciudad; cómo él y algunos de sus compañeros de trabajo se enfrentaron por primera vez a los muertos vivientes, qué era lo que la gente decía, las especulaciones que hacían, los rumores que escuchó, y cómo a partir de un momento dado, la invasión zombi se dio con una enorme rapidez. Sin duda, un cuento interesantísimo.

El séptimo relato es «Sobrevivir», y su autora es Cecilia Eudave (escritora nacida en Guadalajara, en el año 1968). Esta es una de las narraciones breves del libro. Está contado o «pensado», digamos, por un zombi. No sólo es un zombi sino, probablemente, el último zombi sobre la Tierra, un planeta en el que ya tampoco hay humanos ni animales. De este cuento me gusta la idea central, que me parece muy interesante y terrible, pero no termina de convencerme la manera en que está narrado, simplemente porque se supone que los zombis no piensan, y al volverlo un ser nostálgico y melancólico, que piensa casi de manera poética, el relato destruye la idea de lo que es un zombi. La pena por el zombi nos tiene que dar a los lectores, no al zombi. Por lo menos, claro, pensando desde una perspectiva de literatura de terror. Aun así, creo que vale mucho la pena leer este relato pues tiene otros aciertos.

El octavo cuento se llama «Los salvajes», y su autor es Alberto Chimal (quien nació en Toluca en 1970). Este relato es una parodia. Muy divertida e ingeniosa, en donde se mezclan narcos, escritores y zombis. El texto en sí es bastante bueno, sumamente disfrutable, pero me parece fuera de lugar. Es, evidentemente, una cuestión de gusto personal. Si el libro fuera una antología humorística, estaría perfecto, pero en un libro que pretende «adueñarse» del género de los zombis, la parodia parece más bien representar la incapacidad para adueñarse del género. La fórmula es: si no puedes escribir en un género determinado, búrlate de él, ¿no? En realidad, ése es el caso de muchas parodias, pero no siempre es el motivo para escribirlas, y además me parece claro que éste no es el caso pues Chimal es un gran conocedor de los géneros literarios y es un escritor talentoso. Prefiero no mencionar de qué trata esta parodia, aunque ya mencioné a algunos de los personajes, para no arruinarles su propia lectura. De que vale la pena leer este relato, no hay duda, y de que se van a sorprender y a reír, tampoco.

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Festín de muertos. Antología de relatos mexicanos de zombis. Raquel Castro y Rafael Villegas (antologadores). Editorial Océano, colección El Lado Oscuro. También se consigue en edición de bolsillo, en la serie Océano Express. 180 págs.




miércoles, 6 de junio de 2018

Festín de muertos (1)





[Literatura Juvenil]

Festín de muertos
Antología de relatos mexicanos de zombis
(1)

Jesús Guerra

Festín de muertos. Antología de relatos mexicanos de zombis es un libro que, estoy seguro, le va a interesar a muchos lectores jóvenes, y también a los lectores, de cualquier edad, de literatura de terror. Es un libro, además, que tiene una característica que lo hace especial para nosotros, y para entenderlo basta con regresar al subtítulo de este volumen. El libro fue antologado por Raquel Castro y Rafael Villegas. Está publicado por la editorial Océano, en su colección El Lado Oscuro. La primera edición apareció en 2015, y para 2017 se publicó también en edición de bolsillo, en la serie Océano Express.

Este volumen, de 180 páginas, contiene una presentación breve pero bastante informativa, a cargo de los dos antologadores, en donde se nos dice el objetivo central del libro, hace un breve repaso de la historia de los zombis y su evolución tanto en el cine como en la literatura, y comenta los cuentos y a sus autores. Viene después la parte central del libro, compuesta de 18 cuentos de 18 escritores mexicanos, nacidos entre los años de 1966 y 1985. Es decir que para el momento que apareció este libro en su primera edición, en 2015, los autores más maduros tenían 49 años, y el más joven 30.

Los autores
Los autores incluidos en este volumen son los siguientes (están en orden alfabético, como en las fichas, y aparece, entre paréntesis, la ciudad y el año en que nacieron):

1. Jorge Luis Almaral (Culiacán, 1985)
2. Bernardo Fernández, Bef (Ciudad de México, 1972)
3. Jorge Luis Boone (Monclova, 1977)
4. Carlos Bustos (Guadalajara, 1968)
5. Karen Chacek (Ciudad de México, 1972)
6. Alberto Chimal (Toluca, 1970)
7. Gabriela Damián Miravete (Ciudad de México, 1979)
8. Omar Delgado (Ciudad de México, 1975)
9. Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972)
10. Cecilia Eudave (Guadalajara, 1968)
11. Ricardo Guzmán Wolffer (Ciudad de México, 1966)
12. Norma Lazo (Veracruz, 1966)
13. Édgar Adrián Mora (Tlatlauquitepec, 1976)
14. Joserra Ortiz (San Luis Potosí, 1981)
15. Antonio Ramos Revillas (Monterrey, 1977)
16. César Silva Márquez (Ciudad Juárez, 1974)
17. Arturo Vallejo (Ciudad de México, 1973)
18. José Luis Zárate (Puebla, 1966)

Los antologadores, los vuelvo a mencionar, son: Raquel Castro (Ciudad de México, 1976), y Rafael Villegas (Tepic, 1981).

Después de los relatos, el libro contiene, además, una sección de fichas biobibliográficas de los autores, y otra con fichas de los antolgadores. Me interesa, de manera especial, mencionar el objetivo central de este libro, así que transcribo unas líneas de la presentación:

«Ésta es una colección de historias sobre zombis (con zombis, alrededor de los zombis) escritas por autores mexicanos. ¿Por qué esas criaturas? No es porque sean personajes tan populares en la cultura pop actual... o mejor dicho, sí, es en parte por eso. Pero no porque nosotros, o los autores reunidos, quisiéramos hacer con ellos exactamente lo mismo que han hecho incontables escritores en múltiples cuentos, novelas, películas y cómics. De hecho deseábamos hacer algo diferente con esas criaturas incontenibles, sin identidad, perpetuamente hambrientas: queríamos apropiárnoslas».

He aquí la idea, el objetivo central: apropiarse de los zombis, ubicarlos en cuentos mexicanos, o, si se prefiere, mexicanizar a los zombis (pero no tropicalizarlos, que equivaldría a caricaturizarlos). Todos los cuentos reunidos en esta antología han sido escritos por autores mexicanos, y tratan, de una u otra manera, a los zombis. Ya con eso los relatos tienen derecho a estar aquí. Algunos de esos cuentos no logran del todo la mexicanización de estos monstruos, pues por características específicas de determinadas historias, los relatos están ubicados en el extranjero, aún si no se menciona en dónde transcurre la trama, y con personajes no mexicanos (aunque sí, claro, el punto de vista es mexicano). Otros de estos relatos cuentan historias que, si bien son originales, se encuentran dentro del campo de los tradicionales relatos de zombis, lo cual está bien pues hay que crear nuestra propia historia de estas criaturas. Y otros, en cambio, han logrado esta adaptación de manera tan original, que dichos relatos no podrían haber sido escritos más que por autores mexicanos. O sea que hay de todo.

Incluso hay un par de parodias de los relatos de zombis, y si bien es cierto que se trata de textos muy bien escritos y son bastante originales y divertidos, son los que, para mi gusto particular, están un poco fuera de lugar en este libro. No es que no me gusten las parodias, lo aclaro, pero las prefiero reunidas en su propio tomo, pues en un libro que pretende asustarnos, o por lo menos hacernos ver desde otra perspectiva a unas criaturas terroríficas, los relatos divertidos saltan en cuanto al tono. Pero eso es cuestión de gustos. Lo importante es que el libro es bastante bueno.



Historia y evolución de los zombis
Ahora permítanme hablarles un poco de la historia de los zombis en el cine y la literatura. Por supuesto que hay varios (muchos) sitios en Internet en donde los interesados en estos monstruos que ahora están de moda pueden leer sobre su historia y evolución, pero si quieren tener una visión rápida de esta información, es interesante leer el texto de presentación de esta antología mexicana de zombis. De una manera breve pero con buena información, los autores de este texto introductorio nos muestran un panorama general de este subgénero del terror.

Resulta que en 1915 los norteamericanos ocuparon Haití, y ahí permanecieron hasta 1934. Y en Haití tienen un personaje particular —producto del folclor, y esto debido a las mezclas culturales que han incorporado religiones provenientes de África, debido a los esclavos que fueron llevados a esas tierras—: el zombi. Pero el zombi de la cultura religiosa haitiana es, se supone, un muerto al que un brujo le practica un hechizo y lo revive, pero sin voluntad alguna, con la finalidad de que ese muerto viviente sea, de alguna manera, una especie de esclavo ya sea del propio brujo o de la persona que le pagó al brujo para que creara ese zombi.

Ese personaje del folclor de Haití pronto pasó a la cultura popular de los Estados Unidos gracias a un libro de 1929 llamado La isla mágica, de W. B. Seabrook, y a su parcial adaptación cinematográfica, de 1932, dirigida por Victor Halperin, llamada El zombi blanco.

Transcribo, a continuación, dos párrafos de la presentación del libro, pues son muy concisos e importantes. Dicen los autores:

«Por supuesto que el zombi moderno no es el del folclor haitiano, sino el nacido en la cultura estadounidense que tiene al cine como su medio de difusión más importante.

»Su aparición es abrupta y un poco accidentada: en la que hoy se considera su película inaugural, La noche de los muertos vivientes, de George A. Romero, de 1968, no se dice nunca la palabra zombi y tampoco aparecen muchas de sus características actuales, pues su autor no se inspiró directamente en el personaje caribeño, sino en el que aparece en la novela Soy Leyenda, de 1954, de Richard Matheson, que es una extraña especie de vampiro. Además, el aspecto visual de sus muertos vivientes, pálidos y ojerosos, se debe sobre todo al look de la tropa de fantasmas que aparece en la película de culto Carnaval de las almas, de 1962, de Herk Harvey». 

El texto sigue, pero yo me detengo aquí. Me parece que con esto se han mencionado los puntos fundamentales de la evolución del zombi como monstruo (y ahí están los títulos de libros y películas que son obligados para los verdaderos fans de este género). Y a partir de los últimos años del siglo 20, a medida que más obras con zombis se escriben y se filman, cada cuento, cada novela, cada novela gráfica, pero sobre todo cada película y, dentro de lo cinematográfico, cada serie de televisión, va aportando alguna característica nueva que va haciendo evolucionar más a estas criaturas aterradoras.

Los cuentos
Ahora comentaré cada uno de los cuentos —en varias entradas de este blog, para que no se intoxiquen de letras y zombis—. El primer cuento se llama «La otra noche de Tlatelolco». Su autor es Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972). Desde diversos puntos de vista se narra un incidente extraño sucedido en un momento extraño... Por una parte, un hombre se levanta en la calle, de noche, bajo la lluvia. No piensa. El narrador explica que este hombre no piensa, que es un autómata. Sigue impulsos. Camina y se va. Por otra parte, una chica, desesperada, busca a su novio. Y desde una tercera perspectiva, leemos unos reportes secretos. Uno relata el extraño despertar de varios cadáveres. Uno de ellos mordió a una persona en un brazo. Se presenta también una cuarta perspectiva en esta historia: un fragmento de una entrevista con un antropólogo, que está recluido en un hospital para enfermos mentales, que dice saber la explicación de lo que sucede... Poco a poco los lectores vamos armando este rompecabezas y vamos comprendiendo lo sucedido.

Si ustedes buscan comentarios de este libro en Internet, se darán cuenta que hay, como con todas las obras de cualquiera de las ramas del arte, todo tipo de opiniones. Pero en términos generales, este primer cuento es de los que más gustan. A mí me parece interesante, aunque no estoy de acuerdo, digámoslo así, con algunas de las decisiones del autor. Como ya apunté, es cuestión de gustos y de perspectivas.

Espero que este libro les interese, que lo busquen y lo lean. Estoy seguro de que los va a sorprender.

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Festín de muertos. Antología de relatos mexicanos de zombis. Raquel Castro y Rafael Villegas (antologadores). Editorial Océano, colección El Lado Oscuro. También se consigue en edición de bolsillo, en la serie Océano Express. 180 págs.





miércoles, 30 de mayo de 2018

Recomendaciones para jóvenes de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis



Recomendaciones para jóvenes
de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis




El instante amarillo
Bernardo Fernández, Bef

María es una chica de 13 años que la pasa bastante mal en la escuela y también en su casa, donde los conflictos entre sus padres la afectan de manera cotidiana y directa. Es una gran dibujante, pero las matemáticas no se le dan muy bien. Tampoco encaja entre las chicas populares y fiesteras, así que para ella su lugar en el mundo todavía no está muy claro. Pero entonces conoce a otra María, «la mamá del monstruo». Una María que vivió en el siglo XIX y que cambio para siempre las historias de terror que leemos. Identificada con su tocaya, María se reconciliará con su propio monstruo para forjarse un camino y un sitio memorables.

Bernardo Fernández, Bef, es narrador y dibujante de cómics. Ha publicado las novelas Ojos de lagarto, Gel azul, El ladrón de sueños, Tiempo de alacranes (Premio Nacional de Novela Otra Vuelta de Tuerca y Premio Memorial Silverio Cañada en la Semana Negra de Gijón), Hielo negro, Cuello blanco y Bajo la máscara; los libros infantiles Soy el robot, Vacaciones en Marte , ¡Groar! y Cuentos de hadas para conejos, así como la colección de cómics Monorama 1 y 2, y las novelas gráficas Espiral, Uncle Bill y La calavera de cristal (esta última, en coautoría con Juan Villoro). Parte de su obra narrativa se ha traducido al inglés, francés, alemán, holandés y chino.

Océano
Historias Gráficas
204 págs.

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El siglo XX
Marcelo Birmajer

En el siglo XX aún se conservan tradiciones antiguas: la gente escoge con quien casarse, hay cines y bares, y el homicidio es algo común. Cuando Eziel, a punto de convertirse en un hombre de su tribu, tiene que salir huyendo de Asrod, descubre que el siglo XX es mucho más de lo que había imaginado.

Eziel primero sintió la barriga fofa de Maki dejando entrar el arma. Luego sobrevino el ruido inverosímil y la sangre manchándole las manos. Por un momento, pensó que el muerto era él. pero vio a Maki desplomarse sobre la tierra. respiraba y boqueaba como un pescado. Se había alejado de su tribu de un modo que no tenía retorno.

El autor nació en Buenos Aires, Argentina, en 1966. Ha publicado varias novelas y cuentos, entre ellos, Un crimen secundario, El alma al diablo, Fábulas salvajes, El fuego más alto, Ser humano y otras desgracias, Historias de hombres casados, es autor, también, de numerosos libretos cinematográficos y teatrales por los que ha obtenido diversos premios. Ha ejercidos el oficio de redactor y colaborador en más de una cincuenta de medios gráficos de habla hispana y ha publicado artículo y cuentos en diversas revistas y diarios. Algunos de sus libros has sido traducidos al alemán y al italiano.

Fondo de Cultura Económica
Colección A Través del Espejo
128 págs.

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Diccionario de mitos clásicos
Aurelio González Ovies y María García Esperón
Ilustraciones de Amanda Mijangos

De la A de Aracne a la Z de Zeus, este diccionario presenta un selectivo abecedario de divinidades, personajes y anécdotas de la Antigüedad grecolatina. Y con todas las letras, en prosa y en verso, corrobora que los mitos siempre son tan actuales como la luz del sol, tan fascinantes como el fulgor de las estrellas y tan necesarios como el verdor de la naturaleza. Un repertorio de protagonistas que nos hablan de los valores esenciales de nuestra cultura y un viaje apasionante en busca de nuestros mejores orígenes.

Ediciones El Naranjo
Colección Los Clásicos del Naranjo
176 págs.

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martes, 29 de mayo de 2018

Recomendaciones para niños de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis


Recomendaciones para niños
de la Librería del Fondo Carlos Monsiváis




Marte y las princesas voladoras
María Baranda

Mosi es una niña diferente; aunque ya tiene ocho años aún no se sabe el abecedario y va a una escuela especial. No todos la entienden, pero comparte con su familia un mundo lleno de juegos, poemas y canciones donde todo es lo que no es y al revés. Su hermana Lorna nos cuenta su historia y traduce a Mosi para el mundo.

María Baranda es una poeta mexicana que por su obra ha recibido muchos reconocimientos, como el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes. Con esta historia no sólo nos sumerge en el universo mágico de Mosi, sino también en el sabor de la prosa poética.

Elena Odriozola nació en San Sebastián, España. Trabajó en publicidad, primero como montadora y más tarde como directora de arte. Desde 1998 se dedica por completo a la ilustración. En 2006 ganó el segundo premio a Las Mejores Ilustraciones de Libros Infantiles y Juveniles editados en España.

Fondo de Cultura Económica
Colección A la Orilla del Viento
Ilustraciones de Elena Odriozola
35 págs.

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El mago desinventor
Marco Túlio Costa

El mago desinventor cree que la tecnología es responsable de los males de la humanidad, así que empieza a desaparecer los televisores, los teléfonos, los autos, los aviones; entonces, una pandilla comandada por Piloto de Cosas decide descubrir quién es el responsable... y en su camino conocerán distintos mundos.

Marco Túlio Costa nació en Brasil. Ha recibido varios reconocimientos por sus libros para niños. Participó en el grupo fundador de la revista Prototipo, en Minas Gerais.

Ricardo Radosh nació en México. Estudió diseño de la comunicación gráfica en la Universidad Autónoma Metropolitana y ahora ilustra libros y colabora en revistas.

Fondo de Cultura Económica
Colección A la Orilla del Viento
Ilustraciones de Ricardo Radosh
260 págs.

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Corre con Caballos
Brian Burks

Corre con Caballos es parte del último grupo de apaches chiricahua que, en 1886, continúa resistiendo al ejército estadunidense. Como apache, su formación es muy dura y sabe que debe soportar grandes dificultades y dolores. Corre con Caballos está listo para convertirse en guerrero, pero antes de su penúltima prueba su padre le da una inesperada noticia: los chiricahua se rendirán.

¿Cómo se convertirá ahora en guerrero? ¿Cómo contarán historias sobre su valentía? ¿Cómo se hará merecedor de una esposa? ¿Cómo podrá convertirse en hombre?

Brian Burks nació y vive en los Estados Unidos. Su interés en la historia del último grupo de apaches chiricahua lo llevó a escribir esta novela. Entre sus muchas ocupaciones ha sido vaquero, herrero y conductor de ambulancias. Cuando no está escribiendo se dedica a sus labores como ranchero, domador de caballos y músico profesional.

Ricardo Peláez nació en la Ciudad de México. Estudió diseño gráfico en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y se dedica a ilustrar libros, revistas, periódicos y otras publicaciones.

Fondo de Cultura Económica
Colección A la Orilla del Viento
Ilustraciones de Ricardo Peláez
96 págs.

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domingo, 13 de mayo de 2018

De Domingo a Lunes, de Francisco Hinojosa





De Domingo a Lunes
de Francisco Hinojosa

Jesús Guerra

De Domingo a Lunes es un cuento de Francisco Hinojosa, sin duda uno de los escritores preferidos de muchos niños y jóvenes mexicanos, y de él han aparecido en este blog comentarios de algunos de sus libros: Léperas contra mocosos, La peor señora del mundo, A golpe de calcetín, La fórmula del doctor Funes, Aníbal y Melquiades, Amadís de anís... Amadís de codorniz, Buscalacranes, y, para jóvenes, Con los ojos abiertos (si haces clic aquí abrirás la página con el comentario de su libro Buscalacranes, y en la parte inferior encontrarás las ligas a los comentarios de sus otros libros).

Les platico un poco de qué trata De Domingo a Lunes: en un lugar llamado Groentalia, un señor de nombre Juan Domingo Águila, que tiene muchísimo dinero, acostumbra hacerle regalos maravillosos al primer niño o niña que nace el primero de enero de cada año. Son regalos que se han vuelto famosos en el mundo. El autor nos dice que: «A su primer ahijado, de nombre Arnulfo, le dio un ferrocarril de juguete que recorría casi un kilómetro y pasaba por puentes, túneles, montañas, pueblos, desiertos y lagos en miniatura».

A otra ahijada, llamada Grunilla, «le regaló una máquina llamada Caja Golosa», y era una pequeña fábrica de golosinas verdaderamente fantástica. A otra ahijada, llamada Cristalina, le regaló un parque de diversiones completo. A Gelasio le regaló un enorme acuario, construido junto al parque de diversiones de Cristalina, en el que se podían admirar desde los animales marinos más pequeños, como los caballitos de mar, hasta animales grandísimos, como las mantarrayas gigantes.

Y en el siguiente primero de enero, el primer niño del año fue el hijo de Fortunato Feliz y de su esposa Estrella. Y como el niño nació en lunes, le pusieron así: Lunes Feliz. Fue un golpe de suerte maravilloso para Fortunato y Estrella, pues la verdad es que eran muy pobres. El día de la premiación, un chofer pasó por la familia Feliz, los llevó a la mansión del señor Juan Domingo Águila, y éste, después de las fotos y la conferencia de prensa, los llevó a la costa, y de ahí en barco a una media hora de distancia, a una pequeña isla en donde había mandado construir una casa enorme, la cual tenía, en el exterior, corrales con vacas y caballos, y en la huerta plantas de todas y árboles de frutas exóticas y deliciosas, y había un parque con juegos. Los Feliz le hacían honor a su apellido. Cuando Domingo Águila se despidió de ellos, les recordó que lo único que les pedía a cambio era que no faltaran a las comidas que les ofrecía a todos sus ahijados y a sus papás, cada 31 de diciembre. Fortunato y Estrella dijeron que ahí estarían...

Pero no pudieron estar ahí, ni ese 31 de enero ni los siguientes, porque cuando se le acabó la gasolina al pequeño barco que estaba en la isla, Fortunato se dio cuenta de que la gente que trabajaba para el señor Águila debió haber olvidado dejarles una reserva, así que durante los siguientes 12 años los Feliz vivieron separados del mundo. Muy contentos, eso sí, pues en su isla tenían todo lo necesario. Lo único malo de su situación era que, al no tener contacto con otras personas, Lunes, por ejemplo, no conocía a otros niños de su edad, aunque para remediar la falta de escuela sus papás se encargaron de educarlo.

Cuando Lunes tenía 12 años ocurrió una tragedia. Por la isla pasó un fuerte huracán que desprendió árboles del suelo y destruyó gran parte de la casa de los Feliz. Y cuando el huracán se calmó, escucharon un ruido extraño, Fortunato y su esposa decidieron salir a ver qué sucedía y le pidieron a Lunes que se quedara escondido bajo la mesa del comedor. Pues lo que pasaba por ahí era una enorme parvada de aves negras que oscurecieron el día como si fuera de noche. Luego transcurrieron horas y horas, y los papás de Lunes no regresaban. Y cuando Lunes salió de la casa, no encontró rastro alguno de sus padres. ¿Qué iba a hacer? Los buscó por toda la isla, que era muy pequeñita, y no los encontró. Supo entonces que tendría que ir a buscar a su padrino, Juan Domingo Águila, para pedirle que lo ayudara a buscar a sus papás. El problema era, ¿cómo llegar hasta la costa de Groentalia?

Y hasta aquí llegamos... Ya no puedo contarles más, salvo que es en este punto en donde comienzan las verdaderas aventuras de Lunes Feliz. También les puedo decir que De Domingo a Lunes es un cuento interesantísimo, sumamente entretenido, que se deja leer muy rápido, porque todo el tiempo queremos saber qué más sigue, hasta que llegamos al final.

Mi recomendación es que consigan este libro de inmediato y lo lean tan pronto puedan porque, la verdad, lo van a disfrutar muchísimo. Pero también les recomiendo que compren otros libros de este autor, si es que no los han leído ya, pues les va a encantar.

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De Domingo a Lunes. Francisco Hinojosa. Ilustraciones de Rafael Barajas, el Fisgón. Fondo de Cultura Económica, colección A la Orilla del Viento. Clasificación: Para los que Leen Bien. (Se puede conseguir tanto en formato de libro impreso como de libro electrónico.) 124 págs.



viernes, 4 de mayo de 2018

Tito y el misterioso Amicus, Joel Franz Rosell






Tito y el misterioso Amicus
Joel Franz Rosell

Jesús Guerra

A Úrsula, la abuela de Tito, se le cumplió uno de su deseo más grande: recuperar la mansión de su infancia y juventud, ubicada en un pueblo cercano a la ciudad en donde vivían Tito y su familia. Así que, en las vacaciones, la familia de Tito —su papá, su mamá, Damián (su hermano mayor)— y él se fueron a la casa de la abuela. Pero a Tito la idea no le gustaba mucho, pues suponía que en ese lugar no habría gran cosa qué hacer.

Al llegar, todos encontraron de inmediato que podían realizar lo que más les gustaba o lo que sabían que debían hacer: su hermano mayor se iba todos los días al mar, que estaba a unos cuantos minutos de distancia, a nadar y a hacer surf. Su padre, todas las mañanas se levantaba temprano para ir hasta las montañas, que también estaban muy cerca, para escalarlas. Y su mamá se instaló frente a la computadora para ver si en esos días lograba terminar su tesis de doctorado. Sólo Tito vagaba por la casa y el patio sin saber muy bien qué hacer. Además, como era un chavo de ciudad y para colmo tímido, no se le ocurría hacer lo que otros chavos hacen de manera natural, como subirse a los árboles o ir a la alberca del pueblo a nadar, a pesar de que Tito sabía nadar de manera aceptable.

Para empeorar su aburrimiento, después de las comidas, debido al calor, tanto su abuela como su madre se acostaban a dormir la siesta, la cual no duraba menos de dos horas. Y a su abuela le encantaba. Era como si esperara toda la mañana ese delicioso momento de la tarde.

A pesar de todo, la abuela de Tito parecía tener un cierto don para lo maravilloso, que nadie de la familia notaba, sólo Tito, que la miraba intrigado y se daba cuenta de pequeños detalles. Por ejemplo, a veces la abuela para detener una discusión o por darle gusto a su familia, les ponía sobre la mesa un postre recién hecho, aún caliente... pero Tito había notado que en ningún momento estuvo encendida la estufa... Extraño. En una ocasión entró Úrsula, con Tito junto a ella, a un cuarto que no parecía estar ahí... Muy extraño...

Pero las vacaciones de Tito comenzaron a cambiar una tarde, a la hora en que su madre y su abuela dormían su siesta. Por ahí apareció un chavo que por algún motivo se hizo amigo instantáneo de Tito. Y para un niño tímido como Tito, estas cosas son casi milagrosas, porque Tito de inmediato se sintió cómodo con su nuevo amigo. Y este amigo, que de momento parecía negarse a responder determinadas preguntas de Tito, incluso a decirle cómo se llamaba, le habló, por ejemplo, de los árboles del patio trasero, de cómo se quemó un pino, y de cómo Tito debería de subirse a algunos de esos árboles... Y con el paso de los días, este amigo, que una tarde le dijo que podía llamarlo Amicus, le enseñó muchas cosas a Tito. Pero Amicus tenía la costumbre de llegar y de marcharse de manera imprevisible.

Algunas tardes Tito esperaba a Amicus por un buen rato y éste no llegaba; otras veces, Tito se atrevía a hacer alguna cosa particularmente complicada para él, y Amicus llegaba, lo ayudaba de alguna manera extravagante, o simplemente le decía cómo resolver algo, y se volvía a ir... ¿Por qué era así Amicus, y por qué no le decía su verdadero nombre, pues Amicus no es un nombre? ¿Por qué era tan misterioso? Tito no lo entendía. Y cuando Tito le habló de su extraño amigo a su abuela, ésta se comportó de una manera muy enigmática... Si quieres saber por qué Amicus se comportaba así, y qué sucedió con el resto de las vacaciones de Tito, que se volvieron extraordinarias, tendrás que conseguir este libro espléndido y misterioso, divertido y emocionante, y leerlo hasta la última página. Y ni cuenta te vas a dar, de repente ya lo habrás acabado, y hasta lo vas a querer leer otra vez.

Ya han aparecido en este blog comentarios de dos libros de este escritor e ilustrador cubano, Joel Franz Rosell, igualmente espléndidos: Concierto No. 7 para violín y brujas y La leyenda de Taita Osongo. Te recomiendo que las leas, pues ahí encontrarás algunos datos biográficos y una buena parte de los títulos de los otros muchos libros que ha escrito este muy recomendable autor.

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Tito y el misterioso Amicus. Joel Franz Rosell. Ilustraciones de Luis Safa. Fondo de Cultura Económica, colección A la Orilla del Tiempo. Clasificación: «Para los que leen bien». México, 2017. 112 págs.